Miguel Hernandez

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Poemas de Miguel Hernandez:

Poema xxx.

 

Aquélla de la cuenca luna monda,

Sólo habéis de eclipsarla por completo,

donde vuestra existencia mas se ahonda,

desde el lugar preciso y recoleto.

¡Pero bajad los ojos con respeto

cuando la descubráis quieta y redonda!

Pareja, para instar serpientes, luna,

al fin, tal vez la Virgen tiene una.

 

 

 

Obras

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Bella y Marìtima

Bella –y marítima

 

La condena el termómetro, si nuncio

de la temperatura,

si ascenseor numerado de mercurio,

a tres meses de espuma.

 

Ya huyendo del tacón asfaltos pasta;

ya el veredicto acepta

que la continuidad le impone blanca

de floridas cadenas.

 

Ya al sol oponen senos y vaivenes:

vías lácteas a la vista,

agua y bella en el agua, o armas verdes

y fontanas encinta.

 

Ya ofrecen luz y bella nadadora,

sin temor de desgracia,

graciosidad al agua transitoria,

beldad, peso a la playa…

 

La deja el rubio y el azul la toma

pez hembra entre los peces:

submarina de cuando en cuando toda,

resulta hermosa siempre.

 

Prospera el rico mar con esta india

de carne a la ligera,

y en su ambición raptora hacia si tira,

si hacia la orilla ella.

 

Alza de pronto el medio cuerpo, la ola,

visible, a cuerpo entero,

y la ansiedad menor espectadora

se hace mayor deseo.

 

O se expansiona pulpo sobre el agua

su cabellera curva,

o algo del pensamiento se retracta

hasta negar la nuca.

 

El maillot, piel de punto, se le aprieta

como un brazo negro,

corroborando vueltas y revueltas,

si ocultas, no de aspecto.

 

Desde los balnearios que se ancoran

naves al azul, puentes,

se observan las carnales maniobras

irreverentemente.

 

El furor marinero la ha mirado

tan velero de lejos,

que los palos mayores de los barcos

Son simbolos pequeños.

 

Concha y bella, de espaldas en la playa,

broncean su descanso.

 

Círculos y mas círculos levanta

la alacridad del faro.

 

Luna Blanca y Luna

Negra