Carmen Miradorna

La vida encantadora

Jeudy político - Macron y su ultimátum de 48 horas a la oposición
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Jeudy político – Macron y su ultimátum de 48 horas a la oposición

En un breve discurso televisado, el presidente Emmanuel Macron tomó nota de los resultados desfavorables de las elecciones legislativas y, en especial, hizo testigo de la opinión de que las oposiciones bloquearían la Asamblea Nacional si no aceptaban su mano tendida.

Ni siquiera mencionó a su primer ministro. Emmanuel Macron nunca ha sido gran partícipe de sus discursos televisados ​​pero, esta vez, su jefa de gobierno Elisabeth Borne, suspendida desde el domingo, seguramente habría necesitado el apoyo del presidente de la República. Durante tres días, la electa Calvados no solo ha sido blanco de la oposición -Jean-Luc Mélenchon y Marine Le Pen reclaman su cabellera mañana, tarde y noche- sino que también ha sido atacada en su propio campamento. Sus ministros Bruno Le Maire y Gérald Darmanin no dudan tras bambalinas en juzgarla no en su lugar. El aliado del MoDem, François Bayrou, fue allí con una bazuca contra un Primer Ministro “demasiado tecno” que prefería un perfil más político, como dos gotas de agua… ¡para sí mismo! Emmanuel Macron ha decidido mantenerlo sin hacerle ningún regalo.

Al dar la impresión de pasarlo por pérdidas y ganancias, Emmanuel Macron no ayudó a su primer ministro, que se lo juega todo al intentar desde el lunes formar «mayorías de acción». Claramente buscando a los cuarenta diputados que podrían, caso por caso, votar los textos de gobierno en la Asamblea Nacional. En televisión, el presidente podría haber mencionado que había encomendado esta misión a su primer ministro. Pero es más fuerte que él: siempre hay hiperpresidente en Emmanuel Macron.

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Un discurso de ocho minutos

En su discurso de ocho minutos, señaló que ninguna fuerza política había obtenido la mayoría absoluta y escuchó la elección de los franceses de querer que gobierne y legisle “de otra manera”. Pero antes de entregar su análisis de la nueva situación política y los resultados de sus consultas con los líderes del partido, comenzó recordando su “legitimidad” como presidente reelegido. Realmente no se explayó sobre las razones de su derrota parcial en las elecciones legislativas e incluso minimizó la dificultad de tener solo una mayoría relativa. Recordó que así ha sido en un gran número de democracias parlamentarias europeas.

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Revisó las diversas opciones posibles para “construir” “nuevos compromisos”. Primero descartó el escenario de unidad nacional previsto por François Bayrou pero que no considera justificado. Retuvo dos opciones: la coalición y el caso por caso. La segunda solución parece adaptarse a él. “Es posible encontrar una mayoría más grande y más clara”, dijo con confianza. Adelantó la cifra de una treintena de diputados que estarían desaparecidos. Lo cual no es la realidad porque se necesitarían 45 para llegar a la barra de 289 sinónimo de mayoría absoluta. Salvo que el ejecutivo ya está seguro de haber recuperado ya unos quince. Si llamó a ir más allá de las “peleas y posturas políticas”, puso condiciones bastante estrictas: primero que las propuestas de las oposiciones se enmarquen en el marco del proyecto presidencial, que no sumen ni sumen deudas, ni impuestos. Finalmente planteó una especie de ultimátum a las oposiciones dándoles 48 horas para dar su posición. Estos dos corresponden a su ausencia con motivo de la Cumbre Europea.

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Lleva a los franceses a presenciar un inevitable desorden en la Asamblea

La verticalidad, por lo tanto, sigue siendo la prerrogativa de este presidente que no está realmente hecho para el compromiso que pide. En la mayoría de los sistemas parlamentarios vecinos, las negociaciones suelen durar varias semanas o incluso meses. A no ser que Emmanuel Macron ya haya entendido que le costará encontrar a estos cuarenta diputados y que su intención era con este discurso llevar a los franceses como testigos para dejar constancia del inevitable lío en el Hemiciclo. La táctica está cosida con hilo blanco, Emmanuel Macron tratando de culpar a su oposición del bloqueo de la Asamblea Nacional. En otras palabras, quiere fijar una fecha y poner una primera piedra en el camino que llevará a la disolución en un horizonte de seis meses a un año. Una táctica de doble filo porque por el momento el 71% de los franceses está muy satisfecho, según una encuesta de Elabe/BFMTV, de que el presidente se vea privado de la mayoría absoluta.

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